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Cuándo perdió el Real Madrid el título liguero: de El Sadar a Son Moix

En el inicio de la segunda vuelta, ya sin el cesado Xabi Alonso, el vigente campeón tenía solo un punto de renta sobre su máximo rival. Para entonces había ya algo evidente: el Atlético de Madrid no iba a estar en condiciones de pelear por la gloria, mientras que el Villarreal se agarraba a la épica. Se fueron desenganchando de forma estrepitosa los rojiblancos, un salto al vacío sin red, y perdieron fuelle los amarillos con el paso de las semanas.

Lo cierto es que el equipo blanco mandaba por dos puntos al término de la jornada 24, con un Álvaro Arbeloa que había mejorado a su predecesor en resultados, si bien había sucumbido en la Copa del Rey ante el Albacete. El rendimiento en el torneo doméstico era inmaculado, lo que invitaba a pensar que, como mínimo, los suyos iban a estar en la pomada hasta el tramo final de la temporada. Nada más lejos de la realidad, claro.

El primer golpe, el que le hizo perder el liderato, llegó en El Sadar, donde el conjunto de la capital amenazó con remontar el tanto inicial de Budimir. Luego, en la segunda mitad, Vinicius firmó la igualada y alimentó las esperanzas de dar la vuelta al marcador, pero Rubén García aprovechó el ímpetu de los visitantes y certificó el 2-1 al borde del final. Cruel derrota para un Real Madrid que murió de éxito ante Osasuna, que ya había vencido al Barça en su fortín el curso anterior.

Días después, los de Arbeloa encadenaron su segunda derrota. Y no a domicilio, sino en casa frente a un Getafe que entonces estaba preocupado por el descenso y que ahora sueña con volver a Europa... gracias, en parte, a esa victoria de prestigio. Los locales ofrecieron una versión apática y descafeinada frente a los azulones, que se impusieron por el acierto de Satriano, uno de los refuerzos invernales. Los culés, a cuatro unidades, renta valiosa pero no definitiva aún.

Adiós a la Champions, adiós a la Liga

El golpe casi definitivo llegó dos meses después, tras una serie de buenos resultados sin premio extra dada la regularidad de los hombres de Hansi Flick. En Son Moix, la historia se repitió: ventaja para los bermellones, empate a falta de pocos minutos (menos que en Pamplona) y nuevo mazazo en forma de gol. Vedat Muriqi, segundo en la lucha por el pichichi, enterró las posibilidades de un Madrid que volvía a salir golpeado en transición.

A partir de entonces, la Champions pasó a ser la prioridad absoluta. Y quedó demostrado en el duelo ante el Girona, un empate a uno en el Santiago Bernabéu que estaba enmarcado entre la ida y la vuelta de la eliminatoria frente al Bayern de Múnich. Es cierto que se debió pitar una pena máxima sobre Kylian Mbappé, pero ya a siete unidades del liderato, las posibilidades de llevar a cabo el sorpaso eran igualmente muy reducidas.

Tras lo ocurrido en el Clásico (2-0), que los azulgranas encaraban como un escenario idílico para el alirón, el 15 veces campeón de Europa encadena oficialmente su segunda campaña seguida sin grandes títulos (y esta, al contrario que la anterior, sin ningún consuelo menor). El 2-1 al Barça que tan lejos queda en el tiempo, aún con Xabi en el banquillo, es el único momento alegre -y ya es decir- para un plantel que debe dar con la fórmula para volver a ser competitivo. 

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