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Un irreconocible Celta sale goleado y sin alma de Friburgo (3-0)

Centro de datos del Friburgo-Celta

El duelo entre el mejor ataque de la competición –el gallego– y la mejor defensa –la alemana– se lo llevó el Friburgo. En un comienzo arrollador, no habían pasado ni 10 minutos cuando Grifo perforó la meta viguesa. Ya habían amenazado los locales con un par de llegadas, pero el disparo del italiano desde la frontal fue imposible de detener para Radu. Justo premio para ellos y castigo para la endeblez de los de Giráldez, que se acordaron demasiado pronto de la baja de Starfelt. 

Tras unos instantes de incertidumbre, las fuerzas parecieron equilibrarse. Pero cuando menos peligro estaban generando los germanos, llegó el 2-0. La falta de contundencia atrás del Celta volvió a ser un regalo para los de Julian Schuster. Matanovic llegó hasta la línea de fondo y puso un balón atrás que remató a placer Beste para doblar la ventaja.

Superada la media hora, aún pudo ser peor para los intereses españoles si el palo no se hubiera interpuesto en el disparo de Manzambi. No daba pie con bola un Celta timorato e irreconocible que mucho hizo con no irse al ecuador con mayor diferencia en el marcador.

Reforzando el centro del campo

Urgía una mejoría rápida del Celta. Giráldez lo intentó con las entradas de Fer López y El Abdellaoui retirando a Javi Rodríguez y a Swedberg. La idea era reforzar el centro del campo para hacerse con el control. Sin embargo, el rival continuó muy cómodo ante los desajustes en la presión viguesa. No había manera de recuperar la pelota. Algo mejoró con la posterior entrada del recuperado Matías Vecino. Con él en la cancha, los celestes por fin miraron a Atubolu a los ojitos. Bueno, una vez y no muy de cerca. Fue Borja Iglesias, en su último servicio al partido, quien pudo probar su disparo. Salió desviado, aunque fue lo mejor que ofrecieron hasta ese instante. 

Tras ello, con poco más de un cuarto de hora para el final, entraron el renovado Pablo Durán y el capitán, Iago Aspas. Fue peor el remedio que la enfermedad. El príncipe de las Bateas cedió un balón atrás, Aidoo no le puso demasiadas ganas para quedárselo y todo acabó en un córner. Tras el saque, Ginter ganó el salto a Carreira para poner el 3-0.

Aun así, cuando la fiesta era total en la grada del Europa-Park Stadion y ya parecía imposible que el Celta recortase distancias, Fer López estuvo a punto de aguar la fiesta en un centro de Mingueza. Era más fácil meter gol, pero en esta negada noche, todo salió cruz. Volvieron entonces a resonar los cánticos y el jolgorio de la afición local, que incluso rozó un cuarto tanto que ya hubiera puesto casi imposible la remontada. Será difícil, pero lo mismo en Balaídos sí comparece el verdadero Celta.

 

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